«Mis raíces las arrancó el mar, pero aprendí a nadar»

18 de abril de 2017

Compañera de hoy, no quiero
otra verdad que la tuya, vivir
donde crezcan tus ojos
[...]
Alfonso Costafreda


Saberte de su piel,
de los escalofríos que incitan sus caricias,
de la saliva que impregna sus labios,
del flujo que florece en su sexo, 
y, quedarte, inexorablemente, 
con la rebelión que brota en sus ojos,
con esa mirada que abiertamente enfrenta a este desmadejado mundo.

3 de abril de 2017

Te lo debo todo


"la libertad también está en los ojos de quien te mira cuando tú ya no te ves"
Elvira Sastre




La vida hizo que se desvaneciera todo,
que nada tuviera ya sentido después de perder.
Perdí las ganas, la fe, las palabras;
me perdí,
me convertí en una insondable brecha,
llena de algas, herrumbre y cal.

El tiempo enturbió mi cuerpo,
redujo toda mi luz.

Pero, un día, su mirada, acurrucada en mis resquicios,
me devolvió la esperanza.

Él cree en mí,
yo me veo en sus ojos
y se hace la calma;
porque yo no sé dónde estoy,
pero él sabe cómo mirarme,
reconocerme,
y hacer que vuelva a encontrarme.

Y la vida, más fuerte y valiente, se levanta de nuevo.

27 de marzo de 2017

La música de mis zapatos

"Descalza de puntillas vuelto a tener diez años y a morirme 
por dentro de tanta soledad"
Elena Medel

Siempre disfrutaba de andar descalza, de oír como mis pies titilaban 
a cada paso,
en cada grieta.
Después, vino la edad y con ella,
nuevamente el desierto, el apagón,
el ansia, la comodidad.
Acompasaba mis miedos a las circunstancias del vacío.

Un día, alguien pretendió salvarme:
como quien corre con una cuerda atada en los tobillos y encuentra un cuchillo.
Pero la caída, era siempre hacia dentro.
Yo estaba deshabitada, era mi propia extrañeza y,
cada día,
más alejada de los espacios compartidos.
No había remedio,
ni voluntad,
solo vacío y mucha música interior. 

7 de marzo de 2017

Palabras

Yo soy de esas personas que tiene la necesidad de expresar con palabras los sentimientos. Sin embargo, hay otras que no saben cómo gestionar los vocablos y balbucean al soltar sus emociones; muestran torpeza en la gestión del sonido, en la selección de los términos, en la construcción de la frase sentimental. Y en ese momento, caigo en lo que complicadas que son las acepciones, en la complejidad que presenta el compromiso entre lo que uno piensa y lo que uno dice.

¿Por qué enmarañar el lenguaje? ¿Por qué buscar la expresión oculta? ¿Por qué no usar la sencillez, la claridad y la precisión? ¿Por qué cuesta tanto conectar las ideas con las palabras?

Quizá debamos combatir esta era de la incomunicación proclamando el amor por la palabra. Divulgando el disfrute de hallar el término concreto para el momento preciso. Quizá solo se trate de educar los ojos, los oídos incluso el tacto, el olfato y el gusto por sentir que cuando uno se pierde, se duele o siente frío, las palabras pueden ser el mayor cobijo. 

6 de febrero de 2017

Año nuevo

Entre tanto frío, tanto surco, tanto invierno,
un rayo de alegría entra en nuestra casa:
no siempre un atardecer equivale a la tristeza.

11 de diciembre de 2016


"[...]
Igual que las raíces, tú me arraigas. 
Ya no temo la vida 
porque sé que eres cierta"

Ariadna G. García.


He crecido a tu lado, como el que vive con el riego intermitente de una deliciosa lluvia otoñal; me has hecho cosechar fruto, caer dulce y levemente para dar cobijo; ahora vuelve el invierno y no paro de pensar nuevamente en una primavera que acecha, otra vez, floreciente.

Me haces vivir con una sed constante de crecimiento, sin temor a los cambios; por eso sé que mis raíces están en ti y que en ti está también mi fe en la vida.

27 de noviembre de 2016

Las reglas del juego

Me acomodé a los besos,
como aquel sediento sabueso
que halla en la saliva 
un indicio de llamada de emergencia,
una señal de enfermedad inminente,
un rastro de vereda por la que prometiste no volver a pasar.

Sin embargo, el tiempo, amigo de la piedra visible,
se encarga de volver al surco,
a la herida no cicatrizada,
al margen abierto,
al caudal de la risa y su opuesto,
y todo
para ponerte en jaque,
para exigirte que eches el resto.

Y, nuevamente, estás ahí:
jugando a la vida
y prometiendo que para la próxima partida
invertirás las reglas del juego.